Kary Fernández
Estos días, las calles de varias ciudades estadounidenses se llenan de voces que protestan por el trato a migrantes. Gente organizada, mensajes claros, hashtags elegantes. La indignación se coordina por calendario y algoritmo. Marchan, exigen, se dispersan. Todo con un aire de evento bien planeado y con permiso previo.
En México, en cambio… nosotros jugamos en otra liga.
Aquí no marchamos: nos instalamos. Las protestas no son momentáneas; son parte de la infraestructura urbana. ¿Manifestación espontánea? No gracias. Lo nuestro es resistencia institucionalizada. Los maestros no necesitan trending topics: tienen experiencia logística, lonas personalizadas y paciencia de siglos. Ellos no ocupan el Zócalo… lo adoptan.
Mientras en EE. UU. luchan por el derecho a entrar, en México luchamos por sobrevivir dentro. Y eso también se manifiesta. Literal.
Como Chair de Comunicación del G100 en el Estado de México, observo con interés —y algo de humor— cómo en ambos lados del continente la protesta se convierte en una herramienta poderosa de narrativa social. Pero también me pregunto: ¿qué pasaría si uniéramos el profesionalismo de la protesta anglosajona con la pasión y permanencia de la protesta mexicana? (Como dice el Taims: el efecto tercermunditis) ¿Nos bloquearían todo el hemisferio?
Porque al final, más allá del sarcasmo, hay una verdad incómoda: cuando el Estado no escucha, las calles hablan. A veces con orden. A veces con megáfono. Y en el caso mexicano… con casas de campaña y lonches.
Cuando hay protestas en EE. UU., la prensa internacional habla de “expresiones democráticas”, “movimientos ciudadanos” y “despertar colectivo”. Cuando suceden en México, los titulares suelen decir “caos vial”, “bloqueos violentos” o “colapso urbano”. Allá son activistas; aquí, revoltosos. La pancarta gringa es “mensaje de libertad”; la nuestra, “obstrucción a la vialidad”. Curioso: en ambos casos hay gente en la calle exigiendo algo. Pero al parecer, el respeto a los derechos civiles solo aplica si protestas en inglés y con Google Calendar. En México la protesta no es evento… es paisaje nacional. Y eso, al parecer, no vende tan bonito.
