Por Emmanuel Sánchez
Empresas globales respaldan aranceles con reglas claras
Un grupo de empresas multinacionales ha expresado su respaldo a la política arancelaria que México está considerando implementar, siempre y cuando vaya acompañada de certidumbre jurídica y reglas claras. Según este pronunciamiento, un marco bien definido podría servir no solo para proteger empleos y producción local, sino también para atraer mayor inversión extranjera directa (IED).
La declaración surge en un contexto donde la política comercial y la defensa de la industria nacional están en el centro del debate económico, lo que vuelve crucial entender cómo perciben los inversionistas globales estos cambios.
Un equilibrio delicado entre protección y apertura
Los aranceles son una herramienta tradicional de política comercial para corregir prácticas de competencia desleal o compensar distorsiones de mercado. Sin embargo, su implementación —especialmente cuando es amplia o generalizada— puede generar incertidumbre si no va acompañada de criterios técnicos, transparencia y un horizonte de estabilidad regulatoria.
El mensaje de las empresas globales es claro: México puede usar herramientas arancelarias, pero lo debe hacer de manera que refuerce, no erosioné, la confianza de los inversionistas, al preservar reglas predecibles y un entorno legal estable.
¿Por qué la certidumbre jurídica importa tanto?
Para un inversionista extranjero, la seguridad no se basa únicamente en incentivos fiscales o tasa de retorno esperada: la previsibilidad es un activo estratégico. Antes de comprometer capital significativo —especialmente en sectores de alta intensidad de inversión como manufactura, automotriz o tecnología— las empresas buscan marcos regulatorios que:
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No cambien abruptamente.
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Sean comprensibles y transparentes.
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Ofrezcan certeza sobre derechos y obligaciones.
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Permitan estimar con precisión riesgos y costos a largo plazo.
Cuando los aranceles se diseñan sin estos elementos, se puede generar un efecto contrario: más riesgo percibido, menor IED, y relocalización de inversiones hacia mercados con marcos más predecibles.
El mensaje empresarial: reglas claras para competir mejor
Los líderes globales reconocen la intención detrás de la política arancelaria mexicana: defender puestos de trabajo, promover industria nacional y equilibrar las relaciones comerciales internacionales. Sin embargo, enfatizan que para lograr esos objetivos sin perjudicar la confianza extranjera es necesario que:
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Las reglas de aplicación de aranceles estén bien definidas, con criterios técnicos y plazos establecidos.
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Los mecanismos de revisión y ajuste sean públicos y transparentes, para evitar ambigüedades.
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Las decisiones se comuniquen con antelación suficiente, permitiendo a empresas planear inversiones y operaciones.
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Se respete el marco de acuerdos comerciales existentes, como el T-MEC, y se coordine con socios comerciales para minimizar riesgos de represalias.
Esta postura refleja una visión pragmática: los mercados globales operan mejor cuando hay marcos estables que incentiven tanto la inversión como la competencia leal.
Competitividad versus proteccionismo: ¿una dicotomía inevitable?
México, como otras economías emergentes, enfrenta un dilema común: cómo proteger sectores vulnerables sin caer en proteccionismo contraproducente. Los aranceles pueden mitigar impactos de importaciones subsidiadas o de dumping, pero si se perciben como barreras arbitrarias, pueden generar tensiones diplomáticas, perjuicios a consumidores y restricciones a la competitividad.
Lo que buscan las empresas globales es precisamente evitar ese segundo escenario. Su respaldo condicionado a certidumbre jurídica implica reconocer que la protección puede coexistir con apertura y competitividad, siempre que el diseño de políticas sea técnico, coherente y predecible.
Implicaciones para la inversión extranjera y el clima de negocios
Un entorno con reglas claras puede traducirse en:
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Mayor flujo de inversión extranjera directa, por reducción de incertidumbre.
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Proyectos de largo plazo con compromisos tecnológicos y de transferencia de conocimiento.
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Fortalecimiento de cadenas de suministro locales, al combinar inversión con desarrollo industrial.
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Mejor percepción internacional sobre la estabilidad del mercado mexicano.
Por el contrario, la falta de certidumbre jurídica podría aumentar el riesgo país percibido por inversionistas, lo que se traduciría en menores decisiones de expansión o entrada de capital.
Conclusión: certidumbre jurídica como activo estratégico
La discusión sobre aranceles en México es más que una cuestión de política comercial: es un debate sobre la forma en que el país quiere posicionarse en la economía global. Respaldar medidas para proteger empleo e industria es legítimo, pero hacerlo acompañado de un marco jurídico estable y transparente hará la diferencia para inversores y empresas que evalúan comprometer capital significativo.
En un mundo cada vez más competitivo, la certidumbre jurídica no es solo un requisito técnico: es un activo estratégico que puede determinar si México logra atraer y retener inversión extranjera en sectores clave y sostiene su crecimiento económico en el mediano y largo plazo.


