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El infierno del juego fácil

¿Qué te motivó, a tu edad (eres joven), a emprender una campaña contra la ludopatía en un país donde el juego y las apuestas parecen cada vez más normalizados?

Porque yo ya estuve ahí. Perdí dinero, perdí tiempo, perdí salud… pero lo peor fue perderme a mí mismo. Llegó un punto en que no tenía ni ganas de mirarme al espejo. Me creía inteligente, “controlador”, pero la realidad es que el juego me tenía amarrado como un perro. Cuando logras salir de un infierno así, no puedes quedarte con los brazos cruzados viendo cómo otros caen. Yo sé lo que es estar solo en la oscuridad, sin que nadie te advierta lo que viene. Por eso ahora hablo: para ser la voz que a mí me hizo falta cuando estaba al borde.

¿Cuál es el verdadero costo económico de la ludopatía en México, tanto para las familias como para el sistema de salud y la productividad laboral?

Ese costo no lo ves en cifras oficiales, pero está en todas partes: en casas llenas de peleas, en niños que no entienden por qué no hay dinero para comer, en gente que llega a trabajar pero su mente está atrapada en la apuesta que dejó pendiente. Es una fuga silenciosa de dinero y de vidas. Nadie lo mide porque no solo se trata de pesos, se trata de personas rotas, de enfermedades mentales, de generaciones enteras creciendo con la idea de que “el dinero fácil” existe… hasta que se dan en la madre. Y lo peor: cuando se dan cuenta, ya están ahogados en deudas o pensando en quitarse la vida.

En un mercado donde las casas de apuestas online crecen sin freno, ¿qué papel deberían jugar las empresas y el Estado para prevenir la adicción?

Si hablamos en serio, mientras sigan ganando millones con el dolor de la gente no van a mover un dedo. Las casas de apuestas viven de los que pierden todo, no de los que ganan. El Estado debería meter las manos y regular más duro, pero muchos prefieren voltear a otro lado porque también se están llenando los bolsillos. Si no ponen freno ya, vamos a seguir viendo adolescentes endeudados hasta el cuello, vendiendo sus cosas para seguir jugando desde un teléfono, sin entender que son carne de cañón para una industria que los ve como simples números.

¿Cómo estás logrando que esta campaña conecte con los jóvenes, el grupo más vulnerable ante la ludopatía digital?

Porque no les hablo como un “experto” ni como un señor dando lecciones. Les hablo como alguien que se embarró en la misma mierda y logró salir. Yo fui ese chavo que decía “yo controlo”, que apostaba en el baño, en la cama, en cualquier rato libre… hasta que la adicción me tenía controlado a mí. Mis mensajes no son bonitos ni motivacionales, son un golpe directo a la cabeza para que abran los ojos antes de que terminen igual o peor que yo.

¿Qué retos has enfrentado al hablar de ludopatía en un contexto donde muchas marcas poderosas viven de la industria del juego?

Aquí te metes con intereses de monstruos que hacen dinero mientras la gente se destruye. Es como pararte frente a un tren a 200 km/h y tratar de detenerlo con las manos. Me he topado con críticas, burlas, incluso personas que intentan callarme porque incomodo a quienes viven de la adicción ajena. Pero ya no tengo miedo de perder. Cuando has tocado fondo y te has levantado, entiendes que ya no hay nada que temer. Hoy no hablo para agradar, hablo para despertar a quien todavía puede salvarse.

Más allá de la prevención, ¿cómo puede México construir una cultura financiera que desincentive el “dinero fácil” de las apuestas?

Hay que derrumbar la mentira del “dinero rápido”. Yo perseguí esa ilusión durante años y me costó sangre, lágrimas y casi la vida. Si México no enseña a sus jóvenes que la única riqueza real viene de disciplina, educación y trabajo, seguiremos criando generaciones presas de las apuestas, fraudes y deudas eternas. Esto no se arregla con campañas bonitas, se arregla con educación cruda sobre las consecuencias y con líderes que dejen de vender humo para empezar a dar ejemplo.

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