Durante junio de 2025, el peso mexicano mantuvo su fortaleza frente al dólar, cerrando el mes con una apreciación cercana al 2.8%, ubicándose por debajo de los 18.80 pesos por dólar según datos del Banco de México. Se trata del mejor cierre mensual del año hasta ahora, impulsado por una combinación de factores macroeconómicos y condiciones externas favorables.
Entre los elementos que explican este comportamiento se encuentran la entrada histórica de remesas, el flujo constante de inversión extranjera directa —impulsada en parte por el nearshoring— y un diferencial de tasas de interés que aún favorece al mercado mexicano frente al estadounidense. A esto se suma una política fiscal relativamente contenida y expectativas de control inflacionario que han fortalecido la percepción de estabilidad.
Sin embargo, varios analistas y despachos financieros coinciden en que esta tendencia podría enfrentar obstáculos durante el tercer trimestre del año. Entre los principales riesgos identificados están los posibles recortes en la tasa de referencia por parte de Banxico —ante una baja en la inflación—, una leve desaceleración en el consumo interno y factores de volatilidad global que podrían afectar el apetito por activos emergentes.
A pesar de todo, el peso mexicano sigue posicionándose como una moneda resiliente. No obstante, la recomendación general es evitar el exceso de optimismo: el mercado cambiario ha mostrado ser sensible a shocks externos y ajustes de política en Estados Unidos. La fortaleza actual es una señal positiva, sí, pero no garantiza inmunidad.
El tercer trimestre pondrá a prueba si este desempeño es el reflejo de fundamentos estructurales sólidos… o simplemente una pausa dentro de una mayor volatilidad por venir.
