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Entre la soberanía y el intervencionismo: ¿Qué está pasando en Venezuela y qué le toca a México?

Por Daniela Montaño

Estados Unidos y Venezuela ingresaron en una nueva etapa de confrontación geopolítica que, más allá de los titulares sensacionales, está redefiniendo la política exterior de toda América Latina. La captura del expresidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el anuncio del presidente Donald Trump de que Washington “controlará” la transición venezolana no es un simple episodio diplomático: es un punto de inflexión con efectos que reconfiguran la región.

La intervención que sacude la región

A principios de enero, una operación ejecutada por fuerzas de Estados Unidos llevó a la captura de Nicolás Maduro y su traslado a tribunales federales en Nueva York bajo cargos de narcotráfico y terrorismo. Trump ha descrito la operación en términos triunfalistas, presentándola como un hito en la lucha hemisférica contra el crimen transnacional y como un paso hacia una “transición segura” para Venezuela.

Este suceso no es inocuo. Representa la primera vez en décadas que Estados Unidos irrumpe militarmente —aunque sea bajo una narrativa judicial— en un país soberano de la región. La reverberación de esa acción no sólo se siente en Caracas, sino en toda América Latina y en los pilares diplomáticos que sustentan el sistema internacional.
México, soberanía y no injerencia: una postura firme
La reacción oficial de México ha sido inmediata y clara: rechazo a la intervención unilateral y defensa de la soberanía. La presidenta Claudia Sheinbaum, desde el 5 de febrero, subrayó que México “no se arrodilla ni se vende” y reafirmó una política exterior basada en la no injerencia y el respeto constitucional del país.

Esta postura no es retórica. México ha señalado que la solución a las crisis internacionales debe pasar por el diálogo, la diplomacia y el respeto a las normas internacionales, no por el uso de la fuerza. Esa soberanía no es mínima: es un principio que se ha fortalecido en la Constitución y en la tradición diplomática del país.
Pero la firmeza mexicana tiene un contexto: una opinión pública mayoritariamente crítica frente a la intervención estadounidense. Encuestas recientes muestran que más de la mitad de los mexicanos consideran injustificada la acción de Washington en Venezuela. Y casi la mitad expresa preocupación sobre posibles futuras medidas de Trump hacia México bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico.

La sombra de Trump: no solo Venezuela

El discurso de Trump tras la operación ha vinculado con frecuencia temas regionales como la lucha contra las drogas y la seguridad fronteriza. En entrevistas públicas, el presidente estadounidense ha sugerido que si no se actúa con firmeza en Venezuela, otros líderes, como la presidenta interina Delcy Rodríguez, podrían “pagar un precio muy alto”.
Más allá de Venezuela, Trump ha coqueteado —retóricamente— con la idea de medidas más duras contra los cárteles mexicanos, incluso insinuando acciones militares si es necesario. Aunque expertos consideran que un ataque directo contra México es improbable, la mera insinuación tensiona las relaciones y obliga a México a reafirmar sus principios de soberanía y cooperación bilateral con límites claros.

¿Qué le toca a México en el corto plazo?

En el corto plazo, México enfrenta un doble desafío:

  • Mantener la unidad diplomática en América Latina frente a la intervención estadounidense. A medida que otros países latinoamericanos observan esta crisis, sostener una política de no injerencia coherente puede fortalecer la posición regional de México.
  • Gestionar las relaciones con Washington sin sacrificar principios. La cooperación en temas de seguridad y migración es indispensable para México, pero la actual retórica estadounidense complica el terreno al mezclar la crisis venezolana con asuntos internos.
    Más aún, el rechazo mayoritario de los mexicanos a la intervención extranjera refleja una sensibilidad histórica: cualquier injerencia que recuerde a viejas políticas de hegemonía estadounidense aviva recelos y expectativas de independencia política.
    Y en el mediano plazo… ¿Qué puede pasar?
    Mirando más allá de 2026, el impacto de esta crisis podría consolidar nuevas prioridades en la política exterior mexicana:
  • Fortalecimiento del papel de México como mediador regional, apoyando soluciones multilaterales frente a crisis políticas.
  • Reconfiguración de alianzas: países que condenan la intervención estadounidense podrían buscar mayor coordinación política y comercial con México, abriendo nuevos espacios de liderazgo regional.
  • Presión sobre políticas de seguridad: aunque una intervención militar en México sigue siendo improbable, la agenda trumpista puede empujar temas como mayores exigencias en políticas antifraude, cooperación en narcotráfico o presiones económicas.

Hoy México está ante un momento definitorio: defender principios de soberanía y no injerencia sin aislarse en la arena internacional, y mantener relaciones pragmáticas con Washington sin renunciar a su voz propia.

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