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Habitarse: la imagen como lenguaje de poder silencioso

Por Kary Fernández
En un entorno saturado de discursos sobre empoderamiento femenino que suelen quedarse en lo superficial, la conversación con Diva Lomas introduce una perspectiva más estructural y profundamente consciente: la imagen no como ornamento, sino como narrativa personal. Desde una mirada que se aleja deliberadamente de la estética aspiracional vacía, su enfoque propone algo más complejo: la coherencia entre identidad, historia y presencia pública.
Esta conversación trasciende el terreno de las tendencias para situar la imagen en un espacio estratégico. Aquí no se habla de moda como apariencia, sino de imagen como lenguaje, como presencia y como una herramienta que impacta directamente en la seguridad, la toma de decisiones y la forma en que una mujer ocupa espacios personales y profesionales. Lo que emerge es una tesis clara y sobria: muchas mujeres no necesitan transformarse, sino reinterpretarse.
A continuación, la entrevista íntegra.

1.Diva: Qué significa para ti “mejorar la imagen de las mujeres” más allá de lo estético?

Para mí, mejorar la imagen de una mujer va mucho más allá de la ropa, el maquillaje o las tendencias. No se trata de transformarla en alguien distinto ni de acercarla a un ideal externo, sino de ayudarla a que lo que proyecta por fuera sea coherente con lo que es, lo que ha vivido y lo que quiere construir. La imagen es un lenguaje, y muchas veces las mujeres no han tenido la oportunidad de aprender a usarlo a su favor.
Cuando una mujer no tiene claridad sobre su imagen, suele vestirse desde la inseguridad, desde la comparación o desde la inercia: lo que está de moda, lo que usan las demás, lo que cree que “debería” usar. Pero cuando empieza a entender su historia, su personalidad, sus ciclos y su momento de vida, la imagen deja de ser un disfraz y se convierte en una herramienta de expresión y de poder personal.
También creo que mejorar la imagen es devolverle a una mujer la sensación de habitarse. Muchas llegan sintiendo que se perdieron en el camino entre el trabajo, la familia, los cambios del cuerpo, o simplemente el paso del tiempo, y parte del proceso es ayudarles a reconectar con quiénes son hoy, no con quiénes fueron ni con quiénes creen que deberían ser.
Por eso, para mí, trabajar la imagen es trabajar identidad, autoestima y presencia. La ropa, el color, la postura y la forma de presentarse son solo el vehículo visible de algo mucho más profundo: la claridad de saber quién eres y permitirte mostrarlo sin pedir permiso.

2.Cuál es la metodología que utilizas para trabajar la imagen femenina y en qué se diferencia de otros enfoques tradicionales?

La metodología que utilizo parte de entender que la imagen no es solo estética, es comunicación. Por eso no trabajo únicamente desde el estilo o la ropa, sino desde un proceso de conciencia. Antes de hablar de prendas o tendencias, trabajamos en entender a la persona: quién es hoy, en qué momento de vida está, qué quiere proyectar y qué mensaje quiere que los demás perciban cuando entra a un espacio.
El primer paso suele ser la claridad de identidad. Muchas mujeres llegan con referencias externas, lo que ven en redes, lo que alguien les dijo que les queda bien, lo que usaban antes, pero no necesariamente con una idea clara de cómo quieren sentirse o qué quieren transmitir. Ahí empezamos a construir una narrativa personal: qué partes de su historia, de su personalidad y de sus aspiraciones pueden traducirse en un lenguaje visual.
Después viene el trabajo con el lenguaje visual en sí: siluetas, color, proporciones, texturas, accesorios y presencia. Pero ya no como reglas rígidas, sino como herramientas para reforzar ese mensaje que definimos antes. La pregunta deja de ser “esto me favorece?” y se convierte en “esto comunica lo que quiero comunicar?”
También trabajamos mucho la presencia: postura, movimiento, manera de ocupar el espacio y seguridad al mostrarse. Porque la imagen no termina en el clóset; continúa en la forma en que una mujer entra a un lugar, se sienta, habla y sostiene la mirada.
Lo que diferencia este enfoque de otros métodos más tradicionales es que no busco encajar a las mujeres en categorías fijas o en fórmulas universales. No trabajo desde la idea de corregir el cuerpo o de seguir reglas estrictas de lo que “debe” usarse. Trabajo desde la idea de coherencia: que la imagen externa sea una extensión auténtica de la persona, y que cada decisión estética tenga intención, no solo apariencia.

3.Desde dónde comienza tu proceso: la imagen externa o el trabajo interno con cada mujer?

Siempre comienza desde adentro. La imagen externa es una consecuencia. Primero trabajamos claridad: cómo se percibe, qué quiere proyectar, qué le incomoda y qué ha dejado de permitirse. Cuando eso se acomoda, el estilo se vuelve mucho más natural.

4.Para qué sirve realmente este trabajo en la vida personal y profesional de una mujer?

Sirve para tomar lugar. Para hablar con más seguridad, para negociar mejor, para sentirse legítima en espacios donde antes dudaba. La imagen no te da talento, pero sí puede darte presencia, y la presencia abre puertas.

5.Qué tipo de problemáticas o bloqueos detectas con mayor frecuencia en las mujeres que llegan contigo?

Las problemáticas que veo con mayor frecuencia no tienen que ver realmente con la ropa, sino con la percepción que las mujeres tienen de sí mismas. Hay mucho miedo a destacar, a llamar la atención o a sentirse “demasiado”, como si ocupar espacio fuera algo que hubiera que justificar. A eso se suma la comparación constante, sobre todo en una época donde las referencias visuales son infinitas y muchas veces irreales.
Otro bloqueo muy común tiene que ver con el cuerpo y la edad. Muchas mujeres llegan sintiendo que su cuerpo ya no es el mismo y que, por lo tanto, ya no pueden vestirse como antes, pero tampoco saben cómo vestirse ahora. Hay una especie de duelo silencioso por el cuerpo que tuvieron, y mientras ese duelo no se reconoce, se vuelve difícil construir una nueva relación con la imagen.
También aparece mucho la idea de que ciertas cosas “ya no son para su edad”. No porque realmente no lo sean, sino porque durante años se les enseñó que la visibilidad, el estilo o incluso el disfrute de la moda tenían fecha de caducidad. Eso genera inseguridad al elegir, miedo a equivocarse y, muchas veces, una tendencia a esconderse en lo neutro o en lo seguro.
Además, muchas mujeres sienten que se perdieron en el camino. El trabajo, la maternidad, las responsabilidades o simplemente el paso del tiempo hicieron que dejaran de mirarse a sí mismas con atención. Y cuando por fin quieren volver a hacerlo, no saben por dónde empezar, porque ya no se reconocen del todo en el espejo ni en su clóset.
Por eso, una parte importante del trabajo es ayudarles a reconciliarse con el momento de vida en el que están. No se trata de volver a ser quienes fueron, sino de descubrir quiénes son ahora y construir una imagen que las acompañe desde ahí, con realismo, con respeto por el cuerpo que tienen hoy y, sobre todo, sin culpa. Cuando esa aceptación aparece, el estilo deja de ser una lucha y se convierte en una forma de presencia mucho más tranquila y segura.

6.Cuáles son los resultados esperados después de pasar por tu proceso de construcción de imagen?

Los resultados esperados después de un proceso de construcción de imagen no se miden solamente en el clóset, sino en la forma en que una mujer se relaciona consigo misma. El cambio más importante suele notarse en la postura, en la manera de moverse y en la seguridad con la que se presenta. Empiezan a saber qué les funciona, qué no, y por qué. Esa claridad cambia por completo la forma en que toman decisiones.
También hay un cambio muy evidente en la relación con el consumo. Muchas mujeres llegan comprando desde la ansiedad, la frustración o la comparación: compran para “arreglar” algo que sienten que les falta, o porque creen que una prenda va a resolver una inseguridad. Pero cuando entienden su estilo, su cuerpo y su mensaje, esa urgencia disminuye. Dejan de comprar por impulso y empiezan a comprar con intención. El clóset deja de ser un lugar lleno de piezas que no usan y se convierte en un espacio más coherente, más funcional y más tranquilo.
Esa disminución en la ansiedad por comprar es uno de los cambios más liberadores, porque la moda deja de ser una fuente de presión y se vuelve una herramienta. Ya no sienten que tienen que estar persiguiendo tendencias o acumulando cosas para sentirse vigentes; saben que pueden construir presencia con menos, pero con mayor intención.
Otro resultado importante es la comodidad en la propia piel. No significa que desaparezcan todas las inseguridades, pero sí que dejan de dominar las decisiones. La mujer empieza a vestirse desde quién es y no desde lo que teme que otros piensen. Y cuando eso ocurre, también cambia la forma en que ocupa el espacio: habla con más seguridad, se muestra con más naturalidad y deja de pedir permiso, consciente o inconscientemente, para estar donde está.
En el fondo, el resultado real es claridad. Claridad sobre quién es, cómo quiere mostrarse y qué quiere proyectar. Y cuando hay claridad, todo lo demás, la ropa, las compras, la presencia, se ordena con mucha más facilidad.

7.Cómo impacta una imagen bien trabajada en la seguridad, la toma de decisiones y el liderazgo femenino?

La imagen influye directamente en cómo te perciben y en cómo te sientes. Cuando una mujer se siente coherente con su imagen, se mueve distinto, habla distinto y decide distinto. La seguridad no viene de la ropa, pero la ropa puede reforzarla todos los días.

8.En un contexto donde se habla mucho de empoderamiento, qué papel juega la imagen como herramienta de poder real?

La imagen es una herramienta de poder silencioso. No sustituye el trabajo interno ni la preparación, pero amplifica el mensaje. Es estrategia, no vanidad.

9.Qué cambios visibles y no visibles has observado en las mujeres después de trabajar contigo?

Visibles: postura, forma de vestir, elección de colores, presencia.
No visibles: claridad, límites más firmes, decisiones más rápidas y una sensación de volver a habitarse.

10.Si tuvieras que definir el propósito de tu trabajo en una sola frase, cuál sería?

Traducir identidad en presencia.
Más que una conversación sobre estilo, esta entrevista configura una lectura estratégica sobre la imagen femenina en el contexto contemporáneo. Desde una óptica sobria y consciente, la Lomas plantea que la presencia no se construye desde la apariencia aislada, sino desde la claridad interna que permite a una mujer habitarse, ocupar espacio con legitimidad y proyectar coherencia. En ese sentido, la imagen deja de ser un recurso superficial y se consolida como una herramienta silenciosa de poder, identidad y posicionamiento personal.
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