6.2 C
New York
miércoles, enero 14, 2026

Buy now

spot_img

Mujer libre: la amenaza que el sistema NO quiere nombrar.

Por Yessica De Lamadrid

El problema nunca fue que las mujeres se volvieran libres. El problema es que en un sistema construido para ejercer control no sabe convivir con una mujer que ya no obedece. Y cuando una mujer deja de obedecer, el sistema no debate: reacciona.

Ser mujer independiente no es una cualidad. Es una infracción social.

En un mundo diseñado por hombres, escrito por hombres y administrado con reglas masculinas presentadas como universales, la mujer que no pide permiso no es celebrada: es observada con sospecha. No porque haga algo mal, sino porque rompe el guion. La mujer libre no encaja. Y cuando algo no encaja, el sistema no se pregunta si el molde está obsoleto; se pregunta qué tan defectuosa es la pieza.

La mujer independiente incomoda porque no solicita validación. Decide. Opina. Avanza. Y ese acto —aparentemente simple— activa una alarma cultural profundamente arraigada: la del desorden. Porque el orden, ese concepto que fingimos neutro, siempre tuvo género. Y siempre fue masculino.

A estas mujeres no se les reconoce: se les investiga.

Si son firmes, son “duras”.

Si son claras, “arrogantes”.

Si son brillantes, “seguro alguien las impulsa”.

Si están solas, “algo deben tener mal”.

La sospecha es la forma más sofisticada de violencia simbólica: no acusa, insinúa. No confronta, erosiona. Y su objetivo es simple: recordarle a la mujer que no puede ser todo eso por sí sola.

Paradójicamente, muchas mujeres que han logrado cierto poder dentro del sistema prefieren rodearse de hombres. No por afinidad natural, sino por supervivencia simbólica. El poder aún huele a testosterona institucionalizada y, para el imaginario colectivo, la presencia masculina sigue funcionando como certificado de seriedad. No es una elección ideológica; es una estrategia de adaptación.

El sistema tolera a la mujer fuerte bajo una condición: que no incomode demasiado. Puede liderar, siempre que no cuestione la estructura. Puede opinar, siempre que no sea radical. Puede ser libre, siempre que no lo note nadie. El empoderamiento permitido es estético, no político. Inspiracional, no transformador.

Por eso la mujer verdaderamente libre resulta peligrosa. No quiere ocupar el lugar del hombre; quiere redefinir el tablero. No busca aprobación; busca coherencia. Y eso desarma cualquier sistema que se sostiene sobre el control.

El humor social castiga esta autonomía con etiquetas. “Difícil”, “intensa”, “complicada”. Adjetivos que funcionan como fronteras simbólicas: nadie quiere ser difícil, porque lo difícil no es invitado, no es promovido, no es acompañado. Así, la docilidad se disfraza de amabilidad y la renuncia de madurez.

La mujer libre suele estar sola. No porque no sepa amar, sino porque no negocia su identidad para ser acompañada. Y esa soledad, que el sistema intenta vender como fracaso, es en realidad una forma de selección. No todo vínculo merece acceso. No toda compañía justifica una renuncia.

El problema nunca fue el empoderamiento femenino. El problema es el control. Un mundo diseñado por hombres no teme a las mujeres fuertes; teme perder el monopolio de la definición de poder. Teme que las mujeres dejen de preguntar cómo encajar y empiecen a decidir cómo transformar.

Y eso —aunque incomode— ya no es un problema de las mujeres.

El problema nunca fue que las mujeres se volvieran libres. El problema es que el mundo aún no sabe qué hacer con una mujer que no pide permiso, no baja la voz y no negocia su identidad para ser aceptada.

Un mundo diseñado por hombres tolera a la mujer fuerte solo mientras no desordene el tablero. Pero cuando una mujer deja de encajar y empieza a transformar, ya no es vista como aliada: se convierte en amenaza.

Y no porque quiera ocupar el lugar de nadie. Sino porque ya no acepta que le digan cuál es el suyo.

Eso —aunque incomode— no es una crisis femenina. Es el inicio del fin del control machista. Porque la libertad femenina no incomoda por lo que es, sino por que desmantela un sistema que todavía huele a testosterona.

Related Articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
0SuscriptoresSuscribirte
- Advertisement -spot_img

Latest Articles