Por Emmanuel Sánchez
Raíces obreras, frutos de colaboración
La historia de la Cooperativa Pascual comienza con una insólita hazaña: una huelga de trabajadores que, tras varios años de lucha, terminó con la adquisición de una empresa refresquera por sus propios empleados. En 1982, la antigua Pascual S.A. se negó a aplicar un aumento salarial general decretado por el gobierno; el conflicto derivó en confrontaciones, heridos y finalmente en el triunfo de los obreros. En 1985 se formaliza la cooperativa que asumiría la empresa: la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual S.C.L.
Este origen le dio una identidad muy particular: producción colectiva, enfoque comunitario y reinversión en la empresa propia. Cuarenta años después, esta sociedad aún funciona como empresa 100 % mexicana, con marcas icónicas como Boing!, Lulú y Pato Pascual. Pero el paso del tiempo no la ha hecho inmune a los cambios del mercado.
Enfrentando un entorno adverso
La cooperativa destaca por utilizar fruta nacional, procesos que implican logística, mercado interno y competencia frente a gigantes mundiales. A pesar de su legado, enfrenta hoy dificultades serias que la ponen “a punto de desaparecer”.
La razón tiene múltiples aristas: por un lado, el mercado de bebidas en México está dominado por grandes corporaciones con economías de escala, redes de distribución extensas y campañas publicitarias robustas. Por otro, los costos de producción para una cooperativa —aunque con valor simbólico alto— pueden ser más bajos en rentabilidad. Además, la presión regulatoria o fiscal, como los impuestos especiales sobre bebidas, agregan carga para empresas de menor tamaño.
En este escenario, la Cooperativa Pascual no solo debe mantener su relevancia, sino adaptarse a un entorno cada vez más exigente.
El valor de apostar por lo nacional
Quizá uno de los elementos más valiosos de esta empresa radica en su modelo: propiedad de los trabajadores, reinversión de utilidades y vínculo con el campo mexicano. La cooperativa opera bajo un esquema de economía social que reinvierte sus ganancias en empleos, desarrollo comunitario y apoyo a productores nacionales.
Este enfoque tiene ventajas —identidad de marca, diferenciación— pero también retos: escalar sin perder esa esencia, financiar innovación, mejorar infraestructura y distribución. En un país donde la conectividad global y la digitalización avanzan con rapidez, aferrarse solo al pasado puede no bastar.
Un llamado a la acción para todos los actores
La situación de la Cooperativa Pascual debe verse como una oportunidad de reflexión para varios actores:
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Para la empresa misma: ¿Cómo modernizar procesos sin perder su esencia cooperativista? ¿Cómo ampliar su distribución, adoptar canales digitales y diversificar productos sin renunciar a su identidad?
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Para el ecosistema empresarial nacional: Hay espacio para modelos alternativos al corporativo clásico. Las empresas cooperativas o de economía social pueden jugar un papel estratégico, especialmente si logran escalar y competir en eficiencia.
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Para las autoridades y reguladores: Es esencial que condiciones como impuestos, acceso a financiamiento, infraestructura de distribución o apoyo a agroindustrias nacionales consideren que existen actores que aportan valor más allá de la maximización de utilidades. Si los incrementos en el IEPS afectan gravemente a modelos como Pascual, el mensaje es claro: si no se cuida lo propio, el costo social puede ser alto.
Más que nostalgia: una visión de futuro
Es fácil mirar a la cooperativa como un vestigio de tiempos pasados y celebrar su historia con nostalgia. Sin embargo, el verdadero reto es convertir ese legado en motor de futuro. Hoy, los consumidores valoran productos auténticos, nacionales, con trazabilidad y empresas con propósito. La Cooperativa Pascual tiene uno de esos activos: una marca querida, raíces mexicanas y un modelo alternativo.
El desafío está en capitalizarlos. Diversificar presentaciones, mejorar la logística, asociarse con plataformas de venta digital, explorar exportación o alianzas estratégicas son pasos posibles. La empresa cuenta con más de medio siglo de experiencia, tecnología avanzada y compromiso con la fruta nacional. Si logra integrar innovación, eficiencia y su carácter cooperativo, podría convertirse en referente de la industria mexicana.
Conclusión: conservar el espíritu, rediseñar el camino
La Cooperativa Pascual representa un ejemplo inspirador: trabajadores que tomaron el control, una marca nacional construida con esfuerzo compartido y una empresa que desafió el modelo tradicional. Pero el éxito del pasado no garantiza el del futuro. En un escenario cambiante, con competencia global, nuevos hábitos de consumo y presión regulatoria, el reto es mantenerse relevantes y rentables sin perder su identidad.
Es momento de que quienes gestionan, productores, reguladores y consumidores reconozcan que preservar este modelo no es solo un acto sentimental, sino una apuesta estratégica hacia una industria de bebidas más diversificada, más local y más sustentable. Que la Cooperativa Pascual no desaparezca sería un triunfo colectivo, un testimonio de que otro modelo empresarial es posible.
