Por Ana Solá
En la primera quincena de octubre, la inflación anual en México se redujo a 3.63 %, desde aproximadamente 3.78 % en la segunda mitad de septiembre. Este descenso marca la primera baja tras cuatro quincenas consecutivas de aceleración. Si bien no es un triunfo total —los precios siguen subiendo—, representa un paso hacia la estabilidad y ofrece esperanzas para que el Banco de México (Banxico) tenga margen para continuar ajustando su política monetaria sin entrar en pánico.
¿Qué lo impulsó?
Una parte importante del alivio se explica por la disminución en los precios de frutas, verduras, huevo, papa y otros productos básicos. Por ejemplo, el jitomate bajó significativamente en comparación con el mes anterior. Además, la inflación no subyacente —la que incluye alimentos frescos y energéticos— se moderó de manera notable. Sin embargo, la inflación subyacente —que mide los precios con menor volatilidad y refleja la tendencia de fondo— se mantiene en 4.24 % anual, todavía por encima del rango objetivo del banco central.
¿Qué significa para el bolsillo y la economía?
Para el consumidor, la noticia es un pequeño respiro: los precios siguen al alza, pero a un ritmo más moderado. Para los negocios y el sistema financiero, un entorno menos inflacionario reduce los riesgos de aumentos bruscos en costos y salarios, facilitando la planeación. Y para Banxico, este resultado ofrece margen para considerar futuros recortes en la tasa de interés, aunque sin bajar la guardia frente a posibles repuntes.
Pero los riesgos persisten
La desaceleración es positiva, pero aún hay razones para ser cautelosos. La inflación subyacente de 4.24 % continúa por encima del rango cómodo del banco central y varios rubros —como servicios, transporte, vivienda y turismo— siguen mostrando alzas importantes. En algunas ciudades, el precio de la electricidad aumentó más de 17 % en la quincena, lo que demuestra que la presión sobre el bolsillo de las familias sigue presente. Además, si los precios de los alimentos vuelven a subir, el avance logrado podría desvanecerse rápidamente.
¿Qué podemos esperar?
El resultado me deja moderadamente optimista: un 3.63 % de inflación no significa el fin del problema, pero sí una señal alentadora de que las políticas de control comienzan a rendir frutos. Es como alcanzar la cima de una cuesta: buen momento para respirar, pero aún queda el descenso por recorrer.
Lo importante ahora es no confundir esta mejoría con estabilidad definitiva. Banxico debe mantener la prudencia y consolidar las condiciones que sostengan la tendencia a la baja, evitando decisiones apresuradas que comprometan la estabilidad. Por su parte, el gobierno debe seguir fortaleciendo la producción agrícola y la cadena logística para mantener controlados los precios de los alimentos, que son los que más afectan al consumo cotidiano.
Conclusión
México recibió una buena noticia: la inflación se desaceleró. Sin embargo, aún no puede cantar victoria. El reto será mantener la tendencia y asegurar que el alivio llegue al bolsillo de las familias. La economía mexicana necesita no solo estabilidad de precios, sino crecimiento sostenido, inversión productiva y una política económica que combine disciplina con sensibilidad social. En otras palabras, el país dio un paso en la dirección correcta, pero el camino todavía es largo.

