Hasta hace unas semanas, las “novedades” eran casi predecibles: Trump sube aranceles, China frunce el ceño, México contiene la respiración, y los analistas corren a ver qué diablos significa para sus gráficas de Excel. Pero ahora, resulta que los aranceles ya no son la única telenovela en la programación económica. Parte del mercado… ese mismo que hace yoga para relajarse mientras pierde millones!! Sigue con el ojo bien puesto en las presiones de Trump sobre la Reserva Federal.
La semana pasada, la Fed, con un estoicismo digno de escultura de Rodin, decidió mantener las tasas de interés sin cambio. Una forma muy elegante de decirle a Trump: gracias por su opinión, señor presidente, pero aquí seguimos haciendo lo que nos da la gana. Fue un guiño institucional a la independencia… o una manera de no entrar en una pelea pública con un hombre que convierte cada desacuerdo en un show de Twitter.
Y es que, mira usted querido lector, Trump lleva meses presionando para que la Fed baje las tasas, como si los tipos de interés fueran un botón mágico para la reelección. Y aunque muchos creen que la Fed es un ente frío, tecnocrático e incorruptible, la historia demuestra que no es inmune a la política. Pero esta vez, al menos por ahora, le plantaron cara al inquilino de la Casa Blanca.
Eso sí, la calma dura lo que tarda Trump en abrir la boca. Esta semana tiene previsto designar a un nuevo gobernador de la Fed para llenar la silla que dejó Adriana Kugler, quien tenía derecho a voto. En otras palabras: cambiar una pieza clave en el tablero justo antes de la siguiente partida. Y no, no es paranoia: cada nombramiento en la Fed es una jugada política camuflada de trámite burocrático.
Los mercados, que son como ese amigo dramático que necesita siempre un nuevo problema para vivir, ya están calculando cómo este cambio podría inclinar la balanza en las futuras decisiones de tasas. Porque una cosa es que la Fed diga que es independiente… y otra muy distinta es lo que pasa cuando los asientos con voto empiezan a llenarse de leales a Trump.
Así que no se engañen: mientras los titulares hablan de aranceles y la gente normal sigue discutiendo el precio del aguacate, lo verdaderamente jugoso está en la partida de ajedrez que se juega sobre la mesa de la Reserva Federal. El rey quiere su reina, sus torres y sus peones bien alineados. Y en este tablero, la economía es solo el pretexto; la verdadera jugada es el poder.
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