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La diplomacia es opcional

Por Kari Fernández

Mis Yankees queridos… Estados Unidos decidió, una vez más, que la diplomacia es opcional y que lanzar misiles sigue siendo su idioma favorito. Esta vez el blanco fue Irán. Y claro, el Pentágono, con su impecable timing, lo hizo justo cuando el precio del petróleo empezaba a estabilizarse y los mercados estaban tomando una bocanada de aire.

Consecuencias? Nada grave… solo una pequeña sacudida al orden mundial, la bolsa cojeando como si se hubiera torcido un tobillo, y un barril de petróleo que ya empezó a ponerse sus tacones para subir de precio.

Para la economía norteamericana, esto es como jugar Jenga con dinamita: arriesgado, ruidoso y con consecuencias que nadie puede controlar del todo. Los inversionistas ya están buscando refugio más rápido que influencers buscando buena luz en una cafetería. Suben los bonos del Tesoro y baja la confianza.

Inflación? Prepárense, porque si el petróleo sube, sube la gasolina, sube el transporte, sube la logística… y claro, sube el precio de la hamburguesa en el drive-thru. Y cuando eso pasa, hasta el votante más distraído se pone nervioso.

Ahora, México? Pues como buen vecino de arriba, cuando el Tío Sam estornuda, aquí agarramos resfriado y hasta fiebre. Somos una economía pegada con diurex al desempeño de Estados Unidos. Si allá se aprieta el consumo por inflación, aquí las exportaciones empiezan a jadear. Si suben las tasas para controlar la locura económica, aquí se encarece el crédito y se frenan las inversiones.

Y por si fuera poco, el peso se pone nervioso y se pone a bailar salsa frente al dólar.

Pero eso sí, nuestros analistas dirán que “es una situación coyuntural con impactos acotados”. Traducción: no tienen idea pero suena profesional. Lo cierto es que este tipo de conflictos nunca son inocuos. Estados Unidos lanza un ataque, y el efecto dominó se siente en los bolsillos de millones, incluidos los que están pagando la gasolina en Neza o el aguacate en Monterrey.

Así que, entre sanciones, retaliaciones, y volatilidad geopolítica, prepárense para la tormenta perfecta con aroma a crudo, sabor a dólar fuerte y consecuencias impredecibles. Eso sí: felicidades al complejo militar-industrial! Ellos, como siempre, ganan.

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